T A I R O N A                                                                                                 NelsonWeb España UE.

Índice
Los Orígenes
Los Tairona
La Conquista
Los Kogi - Los I j k a
La Ciudad Perdida

                                  A la llegada de los españoles a comienzos del siglo XVI, la región de Santa Marta [Ciudad fundada en 1526], las estribaciones norteñas y vertientes ascendentes del macizo estaban ocupadas por los "Tairona", quienes constituían un cacicazgo mayor.

Ellos vivían en asentamientos nucleados, formados por gran número de casas construidas con cimientos de piedra sobre sitios de terrazas, con rasgos de arquitectura e ingeniería tales como: muros de contención, escaleras, caminos enlajados, canales de drenaje y otras estructuras más.
Las bases económicas de la densa población consistían de cultivos intensivos de maíz, combinados con otras cosechas, árboles frutales cultivados, recursos marinos y relaciones comerciales.


Las obras de ingeniería de irrigación de los Tairona causaron gran admiración a los españoles.

Parece que los Tairona tuvieron un origen centroamericano, según comparaciones tanto arqueológicas como etnográficas; se cree procediesen de la vertiente del Atlántico, específicamente de lo que hoy es Costa Rica, habiendo llegado primero en los siglos X y XI d.C.

El año 1600 marca la derrota final de los Tairona a manos de las tropas españolas; sus remanentes, junto con sobrevivientes de otras tribus, huyeron a lo más fragoso de la Sierra y mientras tanto los intereses de la colonización española se dirigieron a otras regiones del país.



                        Del siglo XVII a nuestros días esta mezcla de población indígena se ha conocido bajo el nombre genérico de aruacos; hoy la literatura etnográfica distingue tres tribus:

  • Los Kogi, quienes viven principalmente en las vertientes del norte de los valles de Palomino, San Miguel y San Francisco;
  • Los Ijka de las vertientes del sur, y
  • Los Sanha de las vertientes orientales.


Los kogi reclaman ser descendientes de los antiguos Tairona, creencia apoyada en no pocas evidencias; actualmente los kogi son la tribu menos aculturada.





















La Conquista


Cuando la población de esta Sierra debatía, en medio del fulgor y del bullicio de sus ceremonias nocturnas, la posibilidad de nuevos contactos, alianzas y transaciones con diferentes comunidades aborígenes, sucedió uno de los acontecimientos importantes de la humanidad : el europeo plasmaba sobre una playa del "Nuevo Mundo" huellas indelebles que no dejarían expandirse y acentuar su peso a lo largo de la gran odisea que él mismo denominó "La Conquista de las Indias Occidentales".

Los navíos españoles fondearon sobre las costas septentrionales de Colombia, por primera vez en el año 1.498. En esta ocasión sólo algunas desprevenidas comunidades del litoral observaron la extraña comitiva que salía de las colosales embarcaciones : entre los viajeros de más alto rango estaba Don Alonso de Ojeda.

Pero la sana curiosidad por todas aquellas maravillas naturales y el interés por obtener todas aquellas riquezas aborígenes que espontáneamente se presentaban ante los ojos occidentales, convirtieron la Región del Caribe en un albergue de mitos y leyendas donde realidad y fantasía no pudieron separarse.











Fue necesario el paso de algunos años para que los españoles comprendieran que la Llanura Atlántica, la Sierra Nevada y sus costas, no sólo eran parte del gran conjunto insular de las Antillas, sino que componían el territorio más septentrional de la América del Sur, inmensa porción de un cuarto continente que estaba emergiendo ante la incredulidad del Viejo Mundo :

Américo Vespucio "descubre", en compañía de Ojeda, la realidad de un nuevo mundo cuya conquista y posesión coloca a los peninsulares a la cabeza del poderío económico, político y comercial de la Tierra.



Pese a que desde 1.501 Rodrigo de Bastidas recorre de oriente a occidente la costa, intercambiando espejitos y multicolores cuentas de vidrio, por magníficas piezas de orfebrería nativa, sólo hasta el 25 de Julio de 1.525 logró izar las banderas de la Corona tomando posesión formal de la Provincia de Santa Marta.

Don Rodrigo de Bastidas, prometió, tanto a los financistas como a los vecinos y a las tropas que debían de respaldarlo, unas tierras de abundantes riquezas y tesoros : el país de El Dorado. Lejos estaba Bastidas de creer que estas promesas constituirían, luego, la causa de tantos desvelos y desgracias.







La fundación Santa Marta empezó mal, pues la innumerables contiendas, saqueos y la contínua depredación, habían convertido a los nativos en grandes enemigos de los colonos, lo que dificultaba, incluso, el aprovisionamiento de víveres.


El litoral del caribe y el puerto de Santa Marta, atrajo no sólo a españoles sino a corsarios y piratas ingleses, franceses y holandeses interesados en "rescatar", al igual que los peninsulares, el oro y las perlas de los nativos.



No sólo tenían que defender los españoles sus nuevos dominios de los ataques aborígenes, y conseguir sus servicios gratuitos, sino que debían de impedir el arribo de buques no españoles, quienes, naturalmente, comerciaban con los indígenas en términos más amistosos.

Para evitar que los aborígenes de la Guajira traficaran "con los piratas" y obtuvieran armamento de fuego y pólvora a cambio de perlas; cometieron una vez más, el error de emprender violentas represalias contra los indefensos nativos.





                Así, de represalia en represalia, de "rescate" en "rescate", recorrieron la llanura, las costas y la Sierra Nevada; arrasaron poblados y sementeras que hubieran podido alimentar sus fundaciones.

Muchos sobrevivientes del litoral buscaron refugio en la Sierra Nevada, pero hasta ésta subirían las huestes españolas en búsqueda de más y más tesoros.
A lo largo del siglo, los indígenas de la Sierra se defendieron con ahínco; flechas envenenadas de mortal ponzoña acabaron con la vida de numerosos soldados que, escondidos tras sus metálicas y pesadas armaduras, no lograron esquivar a tiempo su rápido y certero vuelo entre la espesura de la selva.

La guerra de guerrillas se convirtió para el nativo en la vía de mejor resultado; el caballo, el más temido aliado del conquistador a juicio del aborígen, no logró conquistar los empinados caminos de piedra de la Sierra, diseñados para el rápido y ágil paso de los indígenas.



Luego, para esa época, la región había ya perdido su antiguo atractivo y gran parte de su valor económico :
la mano de obra estaba exterminada y el despoblamiento impedía la imposición y recaudación de tributos en forma de bienes o servicios personales.



La drástica reducción demográfica y el rompimiento de la estructura socio-política había conducido a una desaparición de las bases de subsistencia de "las ciudades de piedra", dependientes de una regularidad en la producción agrícola.



Abandonados los campos de cultivo - antaño mantenidos por complejos sistemas laborales - y despobladas las ciudades y aldeas, los sobrevivientes se vieron forzados a refugiarse en lo alto de la Sierra, para reagruparse casi aleatoriamente, e iniciar nuevos mecanismos de subsistencia basados en formas domésticas de producción.

























Al destruirse su estructura socio-política, desaparecieron los sistemas redistributivos que permitían conservar las obras de arquitectura urbana, sus canales, terrazas, muros y la compleja red de caminos interurbanos que hacían de la Sierra Nevada, un paraíso apetecible...para el conquistador.

El derrumbamiento cultural abrió paso a la selva que, al cabo de poco tiempo, cubrió totalmente el antiguo esplendor de una de nuestras más florecientes culturas americanas dando cabida a unas pocas agrupaciones indígenas que, como los kogi, sanká e ijka habitan hoy en día la Sierra.